Nuestra Salud Mental y la Cuarentena por COVID19

Como bien sabemos, la pandemia del COVID19 ha obligado a medidas absolutamente necesarias como la de la cuarentena o “distanciamiento social” para enlentecer el contagio. Pero tenemos que tener en cuenta que esta medida también tiene mucho que ver con la salud mental de las personas. Las consecuencias en la salud mental por el encierro, por la pérdida de la rutina y por la reducción del contacto social y físico con los demás no se harán esperar.
Es bien cierto que quedarse en casa es un acto no solamente para el cuidado propio, sino un acto de solidaridad con nuestros semejantes. Ya habrá tiempo para abrazarnos y besarnos pero con el aislamiento evitaremos muchas muertes. Sin embargo también es cierto que pasados muchos días, habrá personas que desarrollen stress y ansiedad porque les falta relacionarse socialmente. La paradoja es que, si bien se requiere un distanciamiento social para contener la propagación del coronavirus, el aislamiento social también puede contribuir a la mala salud a largo plazo. Entonces, es importante que no permitamos que tales medidas también causen aislamiento emocional.
La limitación de las actividades sociales produce malestar que según cada individuo se va a manifestar de diferentes formas. Para algunos se manifestará con irritación, aburrimiento y ansiedad, y para otros como falta de aire, sensación de encierro y molestias corporales.
Los sentimientos de aislamiento y soledad pueden aumentar la probabilidad de depresión, presión arterial alta y muerte por enfermedad cardíaca. También pueden afectar la capacidad del sistema inmune para combatir infecciones, un hecho que es especialmente relevante durante una pandemia.
Estudios han demostrado que la soledad puede activar nuestra función de lucha o huida, causando inflamación crónica y reduciendo la capacidad del organismo para defenderse de los virus. Aunque el aislamiento es la respuesta correcta a la pandemia del coronavirus, necesitamos exactamente lo contrario en respuesta a la epidemia de soledad. Entonces, ¿cómo podemos cultivar el bienestar social mientras evitamos la infección?
La rigidez de este tipo de medidas tiene un enorme riesgo para los niños y adultos mayores, y dependiendo de cada grupo de edad esto tiene una incidencia diversa. Los adultos mayores deben mantener un nivel de actividad que les permita sostener una rutina. Levantarse y vestirse adecuadamente como si fueran a realizar diligencias en la calle o a tomar café con los amigos. Deben tratar de utilizar la tecnología para realizar transacciones financieras. Deben leer un buen rato. Deben escuchar música. Deben apartarse un poco de las noticias del coronavirus pues esto aumentará los niveles de ansiedad. Deben alimentarse en buena forma y deben recurrir a suplementos que fortalezcan el sistema inmune, como el zinc, el selenio y la vitamina D3. Los niños deben comprender que no están de vacaciones y deben seguir las instrucciones de sus maestros en la educación virtual.
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